
Se conocieron allá por el año 98. Ella estudiaba en la universidad. Él hacía su práctica técnica en una conocida empresa nacional. En ese entonces, ambos se encontraban solteros y junto a un amigo, se nos ocurrió la genial idea de hacer una reunión de amigos e invitarlos para que se conocieran; algo así como una "cita a ciegas". Él, siendo muy joven, debió hacerse cargo de sus hermanos y ayudar a su madre en la mantención del hogar. Por lo mismo, comenzó la vida de trabajo a temprana edad. Ella, por su parte, proviene de un hogar muy conservador. Es hija única. Creció en un ambiente donde todo lo que se le ocurría estaba a su disposición. Provenían de realidades totalmente discordantes.
El día que se conocieron, algo sucedió entre ellos. Las miradas se cruzaron inmediatamente; era amor a primera vista. Así comenzaba la historia de María y Arturo. Los presenté, pues los dos son amigos míos. Sería el comienzo de una linda relación de amistad.
Con el tiempo y para nuestra sorpresa, nuestros amigos oficializaban su pololeo. Todos felices, menos la madre de María, quien encontraba que su hija pudo haber encontrado a alguien "un poco a su altura". Por el lado de Arturo, su madre estaba muy feliz de que su hijo encontrara una buena mujer con quien compartir su vida. Él era muy trabajador y repsonsable, fiel y de su trabajo se iba directo a casa; excelente partido para cualquier mujer. El ambiente de la chica en varias ocasiones la hizo dudar en seguir aferrada a ese amor, pero éste fue más poderoso que todas las cizañas que rondaban la relación. Les perdí el rastro por mucho años.
Sin embargo, ayer, me los encontré en el centro de Santiago. Andaba realizando algunos trámites, cuando de pronto me toman por el hombro derecho. Era Arturo. De primera no lo reconocí, pero él sí a mí. Lo acompañaba María, su esposa. Llevan de casados más de nueve años y tienen un pequeño hijo de seis añitos, llamado Nicolás. En la actualidad, viven en el centro en un departamento que se compraron. Ella tiene un buen trabajo y se encuentra muy realizada. Él, hace clases en un conocido Instituto capitalino. La pareja ideal. Irradian felicidad. No se imaginan el gusto que me dio verlos y constatar que, el amor, siempre que es verdadero, se fortalece día a día y no muere jamás. Hermoso, ¿verdad?



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LMGO.-Que hermosa historia de amor, por un momento,casi no la lei,pensando que iba a terminar mal,pero ,no,es realmente sublime.